lunes, 13 de julio de 2009


Cuando sabes la verdad podes elegir qué hacer con ella, podés negarla o podés aceptarla. Buscamos desesperadamente la verdad, esa misma verdad que nos da miedo escuchar. Si negas la verdad va a ser tu responsabilidad cuando te explote en las manos. La verdad libera porque uno es dueño de hacer con ella lo que quiera, incluso negarla… pero yo no niego la verdad, es como un juego de mesa, si uno no pone un tiempo de juego es aburrido. Por eso la vida es divertida, porque no dura para siempre. Podés vivir negándolo, pero lo único que vas a ganar es desperdiciar tu tiempo, tu vida. Ya está, ya sabes la verdad, ahora no hay nada que ocultar ¿Qué vamos a hacer? ¿Ponernos a llorar? ¿Qué me voy a sentar de brazos cruzados a esperar la muerte? No. La salida al peligro está en el peligro mismo. Ya sabemos la verdad, ahora podemos llorar o podemos conservar la alegría. La verdad nos interpela, nos pregunta, nos arrincona, y muchas veces no hay respuesta. La verdad a veces no da certezas sino algo mucho más peligroso, dudas. La verdad asusta. La verdad despierta, acude y paraliza. La verdad desnuda, incomoda. La verdad libera y confunde. Pero la verdad también nos da la fuerza para soltarla con alegría. La verdad es como el sol en la cara en una tarde de invierno. Es un carnaval en la nieve. La verdad a veces duele, pero sin lugar a dudas la verdad es, fue y será la fiesta de todos.

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